“Quiero que mi hij@ sea feliz” Padres y madres que cultivan un apego seguro

Cuando hablamos de apego nos referimos a la capacidad de los seres humanos de establecer un vínculo con las figuras adultas, de manera primaria con papá/mamá o la que sea la composición familiar. Es como si el apego viniera en el pack de fábrica tras el nacimiento, y se acopla a un adulto que ofrece cuidados, afectos y protección a esa criatura. Otro día nos ponemos más técnicos, de momento dejemos clara la idea de “un apego seguro garantiza la salud mental de los menores y fomenta la autoconfianza, la seguridad y la capacidad de crear relaciones de calidad en el futuro»

Padres y madres que cultivan un apego seguro

Es bien sabido que la capacidad de resolver problemas y salir fortalecido/a de las situaciones duras, constituye una de las claves para el bienestar psicológico y el ajuste personal en la consecución de metas y objetivos en la vida, o lo que es lo mismo, la sensación de “me gusta mi vida, el mundo es un lugar que merece la pena, y siento que tengo herramientas para desenvolverme en él”. Y también es un hecho que todas las madres y padres tratamos de atender las necesidades básicas de nuestros hijos e hijas, no sólo en cuanto a alimentación, cuidados médicos y seguridad, si no también en lo emocional. Leemos y oímos sobre el apego seguro y su relevancia en el desarrollo de los menores.

Estamos en la ERA de “para ser un buen padre/madre debes…”. Y a menudo ese mandato se convierte en una losa muy pesada que siempre deja lugar a la duda, y a veces tras la duda viene la culpa. No sé a vosotros/as, pero a mí a ratos me invade una rara y difusa sensación de inadecuación: “A lo mejor mi hijo necesita más, necesita distinto”…

Hoy voy a proponeros algunas claves simples de vital importancia en la crianza desde la parentalidad positiva y desde la idea de establecer un apego seguro con nuestros hijos/as, que les ayude en el futuro a crear relaciones sanas, de libertad, de respeto y basadas en la autoconfianza y la autogestión.

apego segurp

Estas recomendaciones, son bastante intuitivas y seguro que ya las pones en práctica, pero es muy valioso que las investigaciones científicas corroboren una y otra vez, que la experiencia modula el desarrollo cerebral, y que el tipo de apego que una niña/o establece con sus figuras de apego principales tendrá una huella real e indeleble en su vida adulta. No nos agobiemos, no nos saldrá todo el tiempo, a lo mejor hay alguna que nos cuesta más (y haya algún grito, salida de tono… somos humanos al fin y al cabo), pero lo importante es poner la mirada en ello y tratar de mejorar, provenimos de una época en que los padres y madres no habían leído nada o casi nada sobre inteligencia emocional, y en solo una generación ha cambiado absolutamente el panorama, así que vamos a ello, poquito a poco pero sin pausa:

Receta para criar niños y niñas con confianza, inteligencia emocional y un apego seguro

ingredientes para un apego seguro

Ingredientes básicos

  1. El primer ingrediente básico y fundamental es ver a tu hijo/a como un ser único y con vivencias internas que van más allá de la conducta observable, o lo que es lo mismo, relacionarnos con ellos desde la idea de que hay algo más allá de lo que podemos ver, oír o tocar. En ambas direcciones: el niño va desarrollando una mente, y así mismo nosotros/as tenemos una mente y una experiencia interna. Somos seres en interacción, y en el mejor de los casos somos capaz de empatizar con quien tenemos delante y sintonizar, y otras veces… no tanto, es decir que es un proceso en dos direcciones.
  1. En segundo lugar, en la manera en que percibimos ese estado interno de nuestro hijo/a, si logramos no imponer nuestra sensación o criterio, la capacidad del niño/a de observarse y regularse aumenta significativamente (por ejemplo, tú estás viendo a tu hijo visiblemente enfadado, y le preguntas por qué está enfadado y te dice –de forma exaltada- ¡QUE NO ESTOY ENFADADO!. Y tú piensas “vaya, ¿así que no estás enfadado?”.

Hay dos opciones: entrar en la pelea de “sí lo estás” / “no lo estoy” / ¡que sí! / ¡que no! (…y así hasta el infinito), o simplemente puedes dejarlo en “ah bueno, es que me parecía a mí, por el tono de tu voz y tus gestos”. Si has probado ambas opciones, te habrás dado cuenta de la efectividad de cada una, en la primera va aumentando el nivel de enfado y conflicto, hasta que se produce un momento álgido (y luego cuesta volver a acercarse), y en la segunda, tras ofrecer un espacio y un tiempo de tranquilidad y respeto, es probable que pueda darse cuenta por sí misma/o de lo que está pasando y vuelva a un ritmo más pausado.

  1. Y el último ingrediente de la receta básica de criar hijas/os con SEGURIDAD, AUTOCONFIANZA Y GESTIÓN EMOCIONAL, este proceso exige mirar hacia dentro. Nosotros y nosotras por mucho que seamos adultos, también experimentamos estados internos desagradables, confusos y/o dolorosos, y en algún momento fuimos también niños y niñas con necesidad de ser regulados desde fuera (y eso sucedió como sucedió, bien, mal o regular), y hay momentos en que nos desbordamos y nuestra propia pena, enfado, miedo o sufrimiento impacta en las relaciones que establecemos, y cómo no, en la relación parental.

En estos casos reconocer ante el niño/a que a veces tú te desbordas de enfado, frustración o lo que sea, ayuda al niño/a a salir de la confusión (encuentra una forma de dar sentido a lo que ha pasado), y le libera de la culpa (“si hay cosas que le pasan a papá/mamá que no tienen que ver conmigo, significa que no soy necesariamente responsable” –y por consiguiente no se activará una sensación de culpa constante y generalizada cuando observa que los adultos están mal).

Estas son las tres pautas sencillas que hoy he querido compartir con vosotros/as. Y todo este proceso se llama mentalización (promover y facilitar una mente en desarrollo). Sólo una precisión más en cuanto al tipo de interacción que facilita un apego seguro: cuando reaccionemos ante una muestra conductual o emocional de nuestros hijos e hijas que hemos de atender, es importante hacerlo de forma CONTINGENTE (a continuación o lo más cercano posible en el tiempo), SINTÓNICA (somos capaces de detectar cómo se encuentra y “sintonizar”, es decir, empatizar, aceptar y respetar su vivencia), y también de forma MARCADA (que perciban con claridad y coherencia nuestras reacciones).

Niños con apego seguro

Si hay alguna de las recomendaciones que te resuena, te animo a que trabajes en positivo, para dirigirte hacia la meta, y no tanto hacer un continuo autoanálisis sancionador. Desde Diada Psicología realizamos distintos acercamientos dirigidos a aumentar la calidad de vida y las relaciones a todos los niveles.

Gracias por leernos, confío en que te haya resultado de utilidad, otro día más.