Y los adolescentes, ¿qué?

Quiero comenzar el post de hoy haciendo un reconocimiento a los adolescentes. En mi humilde opinión, los adolescentes lo han hecho increíblemente bien en esta crisis. Han respetado una situación restrictiva cuando están en una etapa dónde la norma, es saltarse la norma. Los datos nos lo indican sin duda alguna: no ha habido muchos ingresos hospitalarios, ni urgencias, ni multas, ni denuncias. Han cuidado a sus familias y a la sociedad.

Los padres, han hecho un esfuerzo extraordinario porque han contenido la energía personificada en sus hogares.

¿Cuáles han sido las estrategias para ello? Muchas de ellas han sido impecables, otras, como se ha podido. Y es por ello por lo que pongo en relevancia la necesidad de prestar atención y analizar estas situaciones y las implicaciones que puedan tener posteriormente.

En muchas familias la presencia de los padres ha sido realmente sanadora. Antes del confinamiento había padres que nunca estaban, padres que estaban poco por la gran carga laboral y encontrábamos a adolescentes que se autogestionaban solos. Esta situación ha provocado que estos adolescentes hayan tenido a su figura de referencia cerca, con sus ventajas e inconvenientes.

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Etapas y cambios en la adolescencia

La adolescencia en sí misma es una etapa dónde las personas comienzan un proceso de diferenciación de sus padres, promoviendo la necesidad del hogar a la necesidad del entorno y lo social.  Durante el confinamiento este proceso normalizado se ha visto físicamente paralizado, quizás no en su totalidad ya que la vida virtual les ofrece una ventana al mundo y su red. En este tiempo hay adolescentes encerrados en sus cuartos atrincherados para representar su intento de independización con la mirada puesta insaciablemente en las redes.

La cara oscura de cómo sostener este confinamiento quizás haya sido la progresiva laxitud en mantener los límites y la organización, que quizás podamos reencontrar al ir retomando la vida normalizada, o esa “nueva normalidad”.  Los horarios han cambiado en muchas familias, las horas de juego tecnológico han aumentado… Pero apunto que no creo que esta situación sea exclusiva de ellos, a los adultos también les ha sucedido.

En estas semanas he escuchado a muchos padres explicarme que han dado vía libre al uso de las videoconsolas, móviles y tablets por la dificultad de estar gestionando el confinamiento de 24h sin ningún otro tipo de ocio.  Esto puede tener una factura, como la tendrá en los adultos y hay que trabajar en ello. La vida social en estos momentos se enfrenta a sus dos opuestos:  adolescentes muy solos o adolescentes con una sobrecarga social y tecnológica. Estamos a la espera de observar qué prima después, si el contacto o el aislamiento. También he encontrado a familias que por primera vez en su vida han jugado a cosas juntos, se han comunicado más… ¡qué maravillosa oportunidad ha ofrecido el confinamiento! Aquí se observa la resiliencia y la esperanza de que las consecuencias no sean demoledoras.

Los adolescentes durante el confinamiento

La adolescencia durante el confinamiento ha sido dividida en la mirada que se le ha ofrecido. En el momento en el que se concedió el permiso de salida a “niños” hasta los 14 años, se ha renombrado esta etapa. El orgulloso adolescente de 12 años ha sido nominado como niño, con todas sus repercusiones, en ese caso quizás positiva, pero, y ¿los de 14 a 18?  Han sido olvidados. Les han denominado como “adultos”, y eso les ayuda en el proceso de diferenciación, pero a su vez, son personas emocionalmente dependientes y con necesidades que no han sido visibilizadas.

Es un error pensar que el cerebro y el mundo emocional de un adolescente es semejante al de un adulto. Son de sobra conocidas las teorías neurobiólogas que nos explican los diversos periodos críticos del desarrollo, entre los que los más importantes son los que se suceden en los tres primeros años de vida y la adolescencia. La adolescencia es un periodo muy importante, por ello, es imprescindible prestar atención a la influencia que está teniendo esta crisis en ellos, son nuestra generación futura y merecen nuestro cuidado.

Habrá adolescentes para quienes la etapa de confinamiento ha sido una oportunidad de no enfrentarse a situaciones sociales y académicas que anteriormente estaban siendo complicadas y puede que se aferren a ese desconfinamiento progresivo con mayor lentitud, permaneciendo en la invisibilidad. Padres, os animo a estar atentos a esto, sin forzar, pero sí, acompañando.  Otros adolescentes, sin embargo, van a tener que gestionar la impulsividad característica de esta etapa para poder transitar este desconfinamiento y las relaciones sociales “controladas”. ¿Podemos imaginar los grupos de adolescentes en los parques, en las urbanizaciones, respetando el metro y medio de distancia?

Su vida de ocio está ahora mismo sumergida en la misma incertidumbre que experimentamos los adultos. Sus actividades deportivas en equipo, de arte, de escena…tendrán que reinventarse y buscar un equilibrio en un mundo exterior que estará parcialmente disponible en lo progresivo.

El modo en que se pueda retomar la vida académica también determinará la estructura diaria de nuestros adolescentes y su quehacer académico. Los profesores y el mundo de la educación se enfrentan a un reto.

¿Cómo afecta la familia en los adolescentes?

Otro aspecto muy importante es el tejido de esos adolescentes, que lo conforman sus familias. Hay familias muy distintas, como los múltiples tipos de confinamiento. No podemos generalizar, pero sí pensar que no es lo mismo una casa que otra, el número de personas, los conflictos emocionales preexistentes o las pérdidas que se hayan experimentado. El modo en que esta crisis golpee a sus familias influirá en ellos. Habrá familias que sufran dificultades laborales y económicas que tendrán repercusión en los adolescentes que habiten esas casas. Sus actividades extraescolares pueden verse restringidas, su ocio… Y aún peor, hay familias a los que los golpes son de tal intensidad que la prioridad será cubrir las necesidades básicas como son la comida y los gastos del hogar. Las desigualdades se hacen mucho más evidentes en momentos de crisis. Y, ¿Cómo atender el mundo emocional de un adolescente cuando las bases de su hogar están tambaleándose?  Aquí reclamo la mirada hacia lo comunitario cómo una estrategia imprescindible para la resiliencia social ya que no es lo mismo disfrutar de una familia, que padecerla.

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Los padres necesitan apoyo para comprender que parte de su gestión emocional influye y determina el estado emocional de sus hijos adolescentes. “Si tú estás bien, ellos pueden estar mejor”. El control de las rutinas de un adolescente aún no está es su poder, por mucho que les miremos como adultos a los que no se les permite salir. Necesitan de unos padres que hagan el esfuerzo de organizar una rutina, de supervisarles y apoyarles. En muchas casas escucho como los horarios están cambiados, llamo por teléfono para atenderles a las 12 de la mañana y están dormidos. Hay adolescentes que a pesar de tener clases tienen horario de verano, juegan horas interminables a la Play… Hay que prestar atención y asumir la responsabilidad como adultos de estas funciones parentales reconociendo el gran esfuerzo que eso conlleva. Decía Viktor Frankl: “Una reacción anormal a una situación anormal, es el comportamiento normal”. Por ello, dejemos el juicio a un lado. Usemos la observación y la reflexión para afrontar esta situación como padres de la mejor forma posible, asumiendo que no hay manual para confinamientos, pero sí tenemos la capacidad de reparar cada intento que no funcione.

Y para terminar este post, quiero transmitiros la misma idea que le traslado a mi red. La pandemia de la peste negra supuso un factor muy importante para el cambio social de la edad media al renacimiento. Supuso un cambio de mirada en las clases sociales. Se puso el foco en el avance científico, social y lo artístico. El humanismo fue el motor de cambio.  Cuanto bueno nos trajo esa crisis. Hoy, espero con ansia conocer esa nueva etapa, con mucha esperanza puesta en nuestro mundo, siguiendo a un adolescente que levante la bandera de la resiliencia, como nuestro nuevo grito como pueblo.

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“Cuando ya no podemos cambiar una situación, tenemos el desafío de cambiarnos a nosotros mismos”. Viktor Frankl.

María Sanchez.