LA VERGÜENZA Y LA TIMIDEZ: pasos hacia la libertad

Cuantas veces recibo en mi consulta a personas de todas las edades, escondidas detrás de su silencio, de su atuendo, de las piernas de su mamá,… Camufladas entre los cojines de mi sillón intentan, con valentía, explicarme lo que les sucede mientras internamente tratan de controlar esa #VERGÜENZA invasora que les impide sostener la mirada.  Y como una imagen vale más que mil palabras, con ternura y respeto me aproximo (prudencialmente) para interesarme por la historia.

#TIMIDEZ Y #VERGÜENZA: a pesar de NO ser exactamente lo mismo las utilizamos como sinónimos. La timidez está más relacionada con un rasgo genético de personalidad y la vergüenza es una emoción que aparece en nuestra relación con el mundo. No me voy a poner exquisita porque mi objetivo es que tengáis una idea clara sobre su origen, su funcionamiento y su manejo,  ya que ambas son adaptativas cuando actúan como regulador de la conducta y son PATOLÓGICAS cuando actúan como ORGANIZADORES de nuestra vida. Cuando aparecen en  exceso desencadenan un estado de empobrecimiento y limitación devastador para la persona.

¡OJO! Aunque hoy nos ocupa la timidez y la vergüenza en exceso quiero que sepáis que es igualmente desadaptativo cuando una persona no ha adquirido ningún tipo de pudor ni norma social.

Los niños y niñas que experimentan altos niveles de timidez suelen ser los niños “BUENOS” que no molestan, no interrumpen, etc. POR FAVOR, PADRES, MADRES Y MAESTROS DEL MUNDO, NO ESPERÉIS A QUE ESTÉN ROTOS INTERNAMENTE, o a que aparezcan SÍNTOMAS de ANSIEDAD.

¿Cómo sé si la timidez de mi hijo/a le está dañando internamente?

¿Dónde está el punto que marca la diferencia entre “tengo que respetar que él/ella es así” o “mi hijo/a necesita ayuda?

La respuesta es la misma para niños y niñas que para adultos:

Si la vergüenza/timidez está produciendo un sobre-control sobre los sentimientos y emociones, impidiendo la interacción con los otros, incluso generando aislamiento. Cuando el acercamiento de otras personas  produce malestar y aparecen síntomas de evitación social.

Dicho esto vamos a tratar de entender un poquito sobre esta emoción:

 ¿De dónde viene la vergüenza? Del miedo.

¿Miedo a qué? Miedo a que los otros vean en mí eso que YO MISMO/A RECHAZO o vivo como intolerable.

La vergüenza es el resultado de rechazar determinadas partes de uno mismo. Nace como resultado de dejar nuestro valor personal en manos de un despiadado CRÍTICO interno. Y cómo lo tenemos tan integrado en nuestra identidad no diferenciamos entre nosotros y los demás, llegando a desarrollar la creencia de que “ lo otros van a pensar, a decir, a sentir… “x” si ven esto mío”.

¿Qué hago si me siento así?

¿Cómo puedo ayudar a mi hijo/a? 

Si eres un adulto el trabajo interno que vas a tener que hacer es el siguiente:

  • RASTREAR EL ORIGEN DE ESA EMOCIÓN:

A veces es tan grande y está tan instaurado en la personalidad que no vale con hacer ejercicios para controlar las “falsas creencias” es necesario buscar el origen. ¿En qué momento de mi vida apareció? ¿ Cuando empecé a pensar que si yo hablaba o decía lo que sentía me rechazarían? Os invito a que penséis sobre cómo eran vuestros padres, cómo se relacionaban contigo y cómo te sentías tú de importante y valioso para ellos.

A veces (muchas veces) no es necesario haber tenido modelos críticos y devastadores para sentirnos no aceptados. En ocasiones unos padres muy aduladores y atentos pueden generar la misma sensación de vergüenza. Cada persona tiene una historia única y hay que entenderla como tal.

Si logras entender y encontrar el lugar en el que se creó ese miedo a que te rechacen materializado en forma de vergüenza, visualízate en aquel momento tantas veces como necesites, e imagina que ese niño o niña que fuiste está ahora acompañado de un adulto que le entiende y le acepta. Busca una foto tuya de aquella edad en la que recuerdas, aproximadamente, que empezaste a sentirte limitado/a por la vergüenza y háblale al niño/a que fuiste.

¿Y qué le digo?

Cada uno tendréis unos mensajes específicos y unas necesidades diferentes. Algunos/as necesitamos permiso para expresar lo que sentimos, otros para equivocarnos, y otras veces necesitamos simplemente saber que lo que pasaba en nuestro hogar no tenía nada que ver con lo que nosotros éramos y hacíamos y así liberarnos de la sensación de rechazo o no ser suficientemente bueno/a.

  • ELEGIR Y PROYECTAR

Haz una lista de tus escenas temidas, de tus peores defectos y súmales todos tus inconfesables errores.

Cuando lo tengas hecho léelos y reflexiona sobre cómo tratarías a alguien en esa situación, si le permitirías a un niño expresarse así o equivocarse asá, si rechazarías a alguien por mostrar alguno de los puntos de esa lista.

Ahora decide qué te gustaría hacer con ese adulto/a o con ese niño.

EMPIEZA A DECIDIR SI TE QUIERES TRATAR A TI MISMO DE OTRA MANERA. Tu peor enemigo ya no está fuera, está en ti. Si de corazón sientes que mereces ese trato, acéptate como alguien NEGLIGENTE contigo mismo y reconcíliate con el mundo. Al menos habrá un poco de luz sobre la fuente de angustia. Si por el contrario decides darte una oportunidad y tratarte con respeto y ternura, ¡ADELANTE! puedes empezar a ser tú mismo/a.

Sé que aquí parece muy sencillo pero mi objetivo es acercaros a las claves que facilitan los procesos de desarrollo personal, siendo consciente de que en muchas ocasiones este trabajo hay que hacerlo en compañía del terapeuta que guía, sostiene y pone luz en todos los puntos de sombra en los que nos perdemos.

Si se trata de un niño/a:

¿Cómo ayudo a mi hijo/a a manejar su vergüenza? 

  • Revisa las expectativas que tienes en el/a niño/a.
  • Reflexiona sobre lo valioso y aceptado que te sentiste como niño/a y te sientes a día de hoy.
  • Crea un espacio para hablar de lo que sentís. Puede ser en las cenas o un ratito antes de dormir. Si el niño no habla sobre su mundo interno, utiliza cuentos o simplemente cuéntale como estas tú, hasta que él/ella pueda permitirse hablar de sí mismo.
  • Dale muchas oportunidades de desarrollar juego simbólico. Así entrenará habilidades sociales a través de los personajes y procesará aquello que más le cuesta mediante el juego.
  • Crea espacios controlados de juego “descontrolado” parece una paradoja, pero crear un espacio para poder sacar todo lo que tenemos dentro es muy protector y liberador para los niños y niñas. Ejemplos: empapela toda una pared y permítele pintarla toda. Guarda revistas o catálogos viejos y permítele que rompa en mil pedazos, que recorte o que lance bolas de papel. Realiza excursiones a espacios abiertos en los que correr y jugar (no lleves juguetes).
  • Dale un modelo de relación, enséñale como interactúas tú, y modélale en las situaciones difíciles.
  • Y lo másssssss importante….

Pon mucho AMOR Y CARIÑO a su timidez.

Es una sencilla operación, si la vergüenza excesiva crece por el miedo a que me rechacen, disminuye con el amor hacia todo lo rechazado.