Del recordar al saber: un viaje SIGNIFICATIVO por la MEMORIA

El proceso de aprendizaje implica, inevitablemente, la retención de la información aprendida (lo que llamamos memoria). Eso es lo que nos permite avanzar y evolucionar como individuos y como especie. Si no fuéramos capaces de recordar y recuperar (de manera voluntaria o involuntaria) los conocimientos aportados por las experiencias vividas, repetiríamos constantemente las mismas acciones sin poder centrarnos en otras nuevas.

Como estudiantes, recurrimos a nuestra memoria como aliado indispensable para superar un examen, responder a las preguntas de clase o realizar ejercicios. Pero, aunque pueda resultar inverosímil, no siempre somos conscientes de que la memoria no es un ente independiente al que recurrimos para que nos ayude en momentos puntuales y del que nos quejamos cuando “nos deja colgados”. La memoria es una capacidad cuyo desarrollo depende directamente del uso que hagamos de ella.

La memoria no ocupa un lugar físico en nuestro cerebro, no es una bolsa cargada de información en la que meter la mano cuando necesitamos recuperar algo. Se trata de una serie de conexiones neuronales, creadas a partir de “poner a funcionar” diferentes áreas de nuestro cerebro, y que podemos repetir o recuperar siempre que conozcamos las claves para hacerlo. Se trata más de un mapa de caminos que nos permiten llegar al lugar deseado.

Cuantos más caminos creados y más firmes sean estos, más posibilidades tendremos de alcanzar ese lugar o, en este caso, de recrear la información deseada.

La memorización tiene 3 procesos principales: codificación, almacenaje y recuperación.

El nivel de profundidad con el que procesemos la información en la codificación determinará la eficacia o calidad de la segunda etapa y de la tercera.

Es por eso que el tiempo y esfuerzo invertido en unas buenas estrategias de codificación de la información nos serán más que rentables cuando necesitemos guardar y recuperar los conocimientos por un largo periodo de tiempo.

¿Y cómo podemos realizar una codificación y almacenaje significativos que nos permita recuperar con éxito la información?

Almacenes sensoriales

Utilicemos el símil de una casa. Las puertas de entrada de la información son los sentidos. Cada puerta da acceso a un almacén temporal (llamados almacenes sensoriales) donde permanecerá la información un periodo de tiempo muy breve.

Parece lógico pensar que cuantas más puertas creemos (más sentidos implicados) más información podrá recogerse.

  • Por eso te animo a que no te quedes con la información que te aporte un solo sentido, implica a todos los que sean posibles en la misma situación (intenta poner atención al color, a la forma, al tamaño, al olor, a la textura, a lo que oyes,… de la información o del lugar donde la estás recibiendo, asociándola con ella). Si se trata de información en una sola modalidad, intenta aportarle tú las demás (por ejemplo, si se trata de un sonido, piensa en la imagen que éste te evoca).
  • No te limites a leer y repetir la información, aunque expones a tu memoria más tiempo a ésta, lo único que estás haciendo es abrir alternativamente la puerta de la visión y la del oído, pero no permites que la información pase más en profundidad.

Memoria a corto plazo

Tras unos segundos en ese almacén sensorial, la información, si no hacemos algo con ella, desaparecerá, cómo quien abre la puerta de una casa y deja escapar el calor.

Nos interesa que esta información pase, al menos, al hall de entrada (nuestra memoria a corto plazo).

Para eso:

  • compréndela,
  • interprétala según lo que sabes,
  • cuéntatela de nuevo (o cuéntasela a alguien) y acompaña tu explicación con gestos que apoyen lo que dices,
  • organiza la información de manera que siga un orden lógico para ti,
  • localiza y pon atención en las partes o aspectos más importantes de la

información.

 

Memoria a largo plazo

Te has asegurado que la información permanezca en la entrada unos minutos, sólo tienes que hacerla “sentir de la casa” para que termine de entrar por completo y acceda a las partes más profundas (nuestra memoria a largo plazo)

  • Relaciona la nueva información con conocimientos que ya tenías. (Todo lo que aprendemos podemos relacionarlo con algo aprendido anteriormente).

Una vez allí, la información permanecerá bien almacenada y será más difícil perderla. Si quieres acceder a ella, intenta abrir las mismas puertas por las que entró inicialmente (colores, sonidos, olores, formas,…) y atraviesa el mismo hall de entrada (intenta reconstruir la información según la comprensión lógica con la que la trabajaste).

Y no olvides que la memoria está muy influida por: la atención, la emoción y la motivación.

No recordaremos nada que no llame nuestra atención, nos produzca una emoción (preferiblemente agradable) y nos interese. Por eso:

  • busca el interés en aquello que necesites recordar,
  • localiza anécdotas, curiosidades, … que capten tu atención,-
  • reflexiona y conecta con lo que la información te hace sentir: ¿qué te parece lo que hizo?, si hubieras vivido en la época ¿qué crees que hubieras hecho o sentido?, imagina que tú…
  • plantéate el “para qué” es útil aprender eso (siempre hay alguna utilidad, búscala).

Y confía en tu capacidad, es tan grande como tú creas que es.

“Tenía tan mala memoria que se olvidó de que tenía mala memoria y se acordó de todo” Ramón Gómez de la Serna.

Carmen García Hermosilla