¿Cómo marco mis propósitos desde el amor y el cuidado?

ÉPOCA DE PROPÓSITOS…

Estamos en unas fechas en las que es muy normal hacer balance del año, de nuestra vida, hábitos,… Es muy frecuente también pararse a pensar en mis deseos, lo que me gustaría conseguir, hacer una lista de propósitos.

Muchas veces esta lista está cargada de objetivos bienintencionados con los que creo que me sentiré más sano/a, más preparado/a,  más fuerte,… en una palabra, más feliz.

CUANDO LA EXIGENCIA ME BLOQUEA.

Sin embargo, en ocasiones ocurre que, en algún punto del camino esto no funciona, cuesta mantenerlos, ponerse a ello…

Hay mucho escrito sobre el por qué de no mantener los propósitos, las claves para conseguir una buena motivación y cómo mejorar la fuerza de voluntad. Sin embargo, pondré el foco en algo de lo que muchas veces no se es consciente, y es cuando confundo mi fuerza de voluntad para conseguir algo con el exigirme hacerlo. De esta manera, lo que comienza siendo un objetivo para cuidarme y ser más feliz, se acaba convirtiendo en algo que me tortura, algo con lo que me critico y me decepciono, me frustro y me enfado conmigo mismo/a.

Así, pierdo de vista que mi propósito comenzó siendo algo que me ayudaría a ser más feliz (por ejemplo, cuidar mi cuerpo día a día para sentirme mejor en él y con él). En estas ocasiones lo vivo como algo que DEBO conseguir para ser feliz, me apego a este objetivo, es decir, siento que sin ello no podré sentirme a gusto (el día que no haga ejercicio no me merezco estar bien). Hacer ejercicio pasó de ser un medio para sentirme feliz a ser el fin necesario para serlo, que además, se me hace lejano, difícil de alcanzar y odioso.

SIN EXIGENCIA NO LO CONSEGUIRÉ…

Sin embargo, a veces pienso que esta es la única manera que existe para lograrlo. Si no me obligo, no lo conseguiré. Y la trampa comienza cuando veo el propósito como una obligación y no como una elección.

Por varios motivos:

* Sólo tengo dos opciones: o conseguirlo y ser feliz, exitoso/a…. O no hacerlo y ser un fracasado/a e infeliz. Lo cual hace que cualquier pequeño fallo que cometa, cualquier paso atrás que dé, cualquier debilidad que tenga, se convierta en un elemento de tortura, en el fracaso definitivo que achacaré a mi falta de voluntad o a mi pereza.

* Cuando convierto mis propósitos en obligaciones no estoy eligiendo yo, elige el miedo. Y éste no elige, necesita. Desde la imposición y la obligación para conmigo mismo/a soy capaz de conseguir propósitos pero… ¿a qué precio? La elevada exigencia favorece que se polarice el resultado: o se consigue siempre o no se consigue. Esto favorece la autocrítica y el castigo ante el error. Genera inseguridad y daña la autoestima.

yo-me-quiero

CONSIGUIENDO OBJETIVOS DESDE EL CUIDADO

Al enfrentarme a mis objetivos motivándome desde el cuidado soy capaz de empoderarme, de sentirme más capaz y de aumentar las probabilidades de alcanzarlos.

Para ello me ayuda:

1.- Establecer los propósitos con ilusión. 

2.- Visualizarse consiguiéndolos.

3.- Partir los objetivos en acciones más pequeñas.

4.- Establecer cuándo se va a llevar a la práctica.

5.- Ser consciente que el principio del proceso es lo más difícil. Todo cambio supone salir de la zona de confort, por lo que mi cerebro y mi cuerpo se resistirán a ello. En términos generales, es necesario 21 días para generar un hábito, y es durante ese tiempo cuando el esfuerzo debe ser mayor. A partir de que el hábito esté instaurado, será más fácil.

6.- Disfrutar del proceso de conseguirlo día a día. Para ello será importante ser consciente del diálogo interno que  empleo:

  • Observar qué me digo cuando me enfrento a mis retos.
  • Empoderarme rescatando o creando mensajes en los que «me siento capaz», desde el «quiero hacerlo aunque sea difícil y cueste».
  • Elegir ser cuidadoso/a con lo que me repito.
  • Ser consciente de que los propósitos son elecciones que elijo día a día.

7.- Reforzar cada pequeño logro.

8.- Valorar que puede haber días en que no lo consiga. Ser consciente de que son justo esos días, en los que tendré que ser más cuidadoso/a conmigo misma y ser capaz de preguntarme qué falló. (Por ejemplo, un día me siento triste y decido “cuidarme” saltándome el esfuerzo que me supone ir a clases de inglés). En estas ocasiones, en lugar de castigarme después por no haber conseguido mi propósito, busco una manera alternativa de atenderme. (Siguiendo con el anterior ejemplo, reconozco que estoy triste lo asumo y decido hacer una llamada a una amigo/a antes de clase que me anima). Las siguientes veces en que me encuentre más vulnerable, estaré más preparado/a y seré capaz de continuar con mi objetivo.

Para sentirnos bien necesitamos soñar y sentir que somos capaces de conseguir lo que nos proponemos, desarrollarnos y crecer.  Pero igual de importante que alcanzar nuestros propósitos es el cómo llegamos a ellos.

Te deseo mucho ánimo y ¡feliz año!

Isabel Cabrera