Psiquiatría y cine, amantes para siempre.

“La televisión ha hecho mucho por la psiquiatría: no sólo ha difundido su existencia, sino que ha contribuido a hacerla necesaria.” Alfred Hitchcock

El cine es la fábrica de los sueños, el arte de las artes. Al integrar imágenes, música, texto hablado y efectos sonoros, se forma una unidad expresiva indisoluble. En una buena película puedes disfrutar de la música, literatura, arquitectura… todo en uno. La psiquiatría ha mostrado interés por el cine desde el principio, y de la mayoría de las películas se puede aprender psiquiatría/psicología a distintos niveles. En las siguientes líneas explicaré esta historia de amor, e intentaré abrumaros con un montón de títulos, para que exploréis por vuestra cuenta.

Una de las primeras películas que se acercó a la psiquiatría es “El Gabinete Del Doctor Caligari” (1919), muestra impresionista muy potente visualmente, que trata del control mental y sus consecuencias, a través del uso de la hipnosis. Hasta los años 50 los psiquiatras solían ser los “buenos”. En películas como “Recuerda” (1945) o “Tres caras de Eva” (1957) es casi un detective que se sumerge en el inconsciente para resolver un misterio. También se ha tratado al psiquiatra desde un punto de vista cómico, como en “¿Qué tal Pussycat?” (1965), “Annie Hall” (1977) o “Hannah y sus hermanas” (1986). Coincidiendo con el auge de la antipsiquiatría (Que no olvidemos tiene su origen en el espíritu crítico de muchos psiquiatras) desde los 60 surge un cine mordaz con el sistema de institucionalización psiquiátrica. Aparecen Alguien voló sobre el nido del cuco” (1975) y “Corredor sin retorno” (1963). Además, desde entonces cambia la figura del psiquiatra, que aparece más adelante directamente como criminal en “Vestida para matar” (1980) o “El silencio de los corderos” (1991). Los amores y desamores del cine con la psiquiatría, han contribuido de esta forma a perfilar una imagen social de la labor de ésta, tan llena de claroscuros, tan cambiante y multiforme como las propias sombras que proyecta el celuloide.

En la mayoría de los casos el cine es el único contacto que una persona tiene con la realidad psiquiátrica, de manera que el cine se convierte en un referente único y, por tanto, de una fuerza muy potente. Más de 350 millones de personas, según la OMS, reciben en la actualidad alguna forma de asistencia dentro del circuito de la psiquiatría y cualquier proyección tendenciosa de tópicos negativos puede generar una percepción distorsionada, con evidentes perjuicios al reforzarse estereotipos tradicionales. ¿Locura= Crimen, peligro?

El cine ha seguido una doble tendencia a la hora de representar los trastornos mentales.

A)     Ha edulcorado y suavizado algunos trastornos, llegándolos a presentar incluso como una cualidad que convierte a quien los padece en un ser mejor y superior que el resto “Yo soy Sam” (2001), “Rain man” (1988),

B)      Ha llevado otros trastornos a extremos asociados con el delito, la criminalidad y el terror, contribuyendo a perpetuar el mito que asocia violencia y enfermedad mental. “Psicosis” (1960) fue una de las primeras en apuntar en esta dirección. Recomiendo la interpretación psicoanalítica de Zizek sobre la película, brillante: https://www.youtube.com/watch?v=YKH6FmPV1_o). “El resplandor” (1981) es otro buen ejemplo.

Como ya voy terminando, no puedo resistirme a proponeros una pequeña selección de películas relacionadas con la psiquiatría (Lo cual no implica que sus protagonistas tengan una enfermedad mental siempre). No están todas las que son por supuesto, pero tampoco son las típicas, y cada una es una joya a descubrir.

Psicosis: “Lars y una chica de verdad” (2007),  “Take Shelter” (2011), “Spider” (2002), “Más extraño que la ficción” (2011).

Relaciones personales: “Closer” (2004) y “Olvídate de mí” (2004).

Paidofilia: “El leñador” (2004).

Problemas de la infancia: “Déjame entrar” (2008) (la Noruega).

Psicopatía: “Nightcrawler” (2014), “Encontré al diablo” (2010) y “Tenemos que hablar de Kevin” (2011).

Tengo la firme convicción de que los directores normalmente no intentan adoctrinar a sus videntes, pero la repetición de un patrón negativo contribuye al estigma. En mi experiencia siempre que puedo uso el Cine como método docente. Durante 4 años impartí una asignatura de libre elección para Medicina llamada “Psicopatología y cine”, y ha sido una mis experiencias más enriquecedoras de estos años. Si os ha gustado en otra ocasión hablaré de las series y la psiquiatría. El mejor cine del mundo hoy en día se hace para televisión.

El cine existe para compartirlo. Entender como cada uno siente, ama y odia una película también habla sobre nosotros mismos.