DISFONIA INFANTIL

Las disfonías infantiles son trastornos de la voz que consisten en una disminución de la potencia de la misma. Afecta a niños y niñas entre los 5 y los 10 años (aunque, en algunos casos, pueden evidenciarse antes de los 5 años). Pueden ser producidas por un uso excesivo de las cuerdas vocales, alteraciones en la laringe o por causas emocionales. Generalmente son trastornos leves y ocasionalmente pueden implicar la pérdida completa de la voz (afonía) por periodos cortos. Una vez diagnosticada, la disfonía, el médico especialista derivará al niño a reeducación vocal con el logopeda para enseñarle a utilizar su voz de manera correcta.

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¿Qué es la disfonía?

Podríamos definir la disfonía como la alteración de la voz que afecta a una o varias de sus características acústicas básicas (altura, timbre, duración o intensidad). Las voces   disfónicas    son “voces roncas” con mayor o menor pérdida de aire al hablar, voces que “no suenan bien”, apagadas, ásperas, sordas, sin brillo y en ocasiones presentan un componente nasal excesivo.

Muchas veces las pequeñas alteraciones de la voz en niños, no alarman a sus padres, principalmente en aquellas familias donde el padre o la madre hablan a altas intensidades, o alguno de ellos presenta una voz disfónica.  Es precisamente en ese tipo de ambientes donde el niño, termina imitando el modelo vocal de sus padres.

En ocasiones, es en el colegio donde se detectan los problemas de habla o de voz en los niños. De ahí la importancia de concienciar a los docentes sobre el tema, para orientar a los padres en la detección y prevención de las disfonías infantiles.

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¿Cuáles son las principales causas de disfonías infantiles?

Las causas pueden ser de origen orgánico (malformaciones, patologías congénitas, etc.) o funcional (mal uso de la voz, emocional).

  • Mal uso y abuso de la voz: el niño realiza mecanismos de sobreesfuerzo (tensión en músculos del cuello, mandíbula, estiramiento del cuello al hablar, elevación de hombros…) utilizados por el niño para hablar, cantar o gritar que provocan una voz poco eficaz (en ocasiones con dolor y picor en zona de garganta).
  • Malformaciones en cuerdas vocales: se deben descartar alteraciones o malformaciones congénitas que impidan un buen funcionamiento vocal.
  • Infecciones (faringitis, laringitis), alergias, resfriados o cualquier otro proceso que afecte temporalmente la voz.
  • Tensión emocional: es importante el factor emocional en la voz, el modo de comunicarse del niño con su entorno. La actitud comunicativa es fundamental, ya que podemos encontrarnos con niños que hablan con demasiado énfasis, mucha tensión, sin coordinar el aire al hablar. Mientras que otros presentan una voz débil, cansada con fatiga y mucho esfuerzo al hablar.

Cómo podemos ayudar a prevenirlas

Desde edades tempranas, los padres podemos llevar una educación adecuada de la voz a través de hábitos vocales que tienen que ver con actitudes como:

  • Saber escuchar, hablar respetando a los demás, respetar los turnos de habla, no gritar, no chillar.
  • Bajar el volumen de la tv, radio, etc. para permitirle una conversación relajada y sin esfuerzos.
  • Hablarle siempre de forma clara y con intensidad normal.
  • No hablarle desde lejos.
  • Cuidar los excesos vocales cuando están cursando enfermedades que afectan a la voz como faringitis, laringitis o resfriados.
  • Ayudarle a relajarse cuando está tensando la voz.
  • Evitar las bebidas frías.
  • Mantener al niño alejado de ambientes contaminados (polvo, ruidos) y mantenerlo hidratado.
  • Cuando la disfonía dura más de dos semanas, es recomendable consultar al pediatra, ya que requiere la valoración del médico especialista.
  • En el caso que el médico derive a reeducación vocal, asegúrate que el/la logopeda esté especializado/a en rehabilitación de la voz.

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