ODA AL GRIS

Oda al color gris:

montañas en blanco y negro

 

El gris es un color algo marginado, se asocia a la tristeza, los días nublados y a veces incluso se usa para describir a las personas sin carisma. Quiero aprovechar la oportunidad para dar valor al color que surge de mezclar los extremos, que en el fondo es la esencia más sutil de la armonía.

A nivel diagnóstico la psiquiatría habitualmente pone sus límites en el individuo. Únicamente se anima a salir de la experiencia del propio paciente en conceptos muy concretos como la locura compartida (Folie a Menage) o en el análisis de las relaciones de las personas con su entorno más cercano. Si ponemos el foco ahí y no nos quitamos las gafas de leer de cerca, corremos el riesgo de perder la perspectiva del cuadro completo. Dicho de otro modo, ignorar lo que está pasando en la sociedad es dejar de entender al paciente, en muchos casos.

Al contrario de lo que se intenta transmitir habitualmente, nunca los pacientes con enfermedad mental grave han estado mejor tratados en el mundo occidental, pudiendo muchos de ellos recuperar una alta funcionalidad. Enfermedades como el trastorno bipolar, la esquizofrenia o la depresión mayor (Diferente de lo que habitualmente se llama depresión) tienen una evolución favorable en muchos casos. En más de 11 años trabajando en la Urgencia he visto como descendía la necesidad de intervenciones desde el Hospital. Con lo que no ha contado la psiquiatría es con la creciente psiquiatrización de la vida (De lo cual hablé en el último artículo) y con la irrupción de los Trastornos. No siempre es fácil distinguir una enfermedad de un trastorno.

Una enfermedad consta de una causa reconocible, un grupo de síntomas consistentes y tiene una lesión anatómica que se relaciona con los síntomas y la causa. Un trastorno también engloba un conjunto de síntomas y puede ser incapacitante. La Salud queda deteriorada como consecuencia del trastorno, pero no es una alteración primaria de esa Salud. Si aplicamos de forma estricta el modelo médico no vamos a entender el trastorno, cuyas ramificaciones se extienden a aspectos externos al individuo. Cuando tu núcleo de influencia era la familia directa y el colegio tanto la detección del problema como la intervención era más sencilla.

 

salva

Ahora los niveles de influencia son ilimitados y más poderosos, con algoritmos matemáticos que deciden tanto lo que ven tus hijos como incluso el contenido de esos vídeos.  Muchos de las noticias y vídeos tienen contenidos generados por inteligencia artificial en base a palabras claves. Este tema, que daría para un artículo entero, ayuda a moldear una sociedad en base a palabras “Populares”. Para más información acudir a las lecturas del final del artículo (Escalofriantes). Como experimento recomiendo dejar a Youtube encadenar vídeos partiendo desde uno infantil, y comprobar lo que sale en pantalla al cabo de un par de horas.

Las tendencias de la sociedad y los nuevos cánones morales y estéticos repercuten de forma directa en el individuo. Como ejercicio teórico, podríamos incluso convertir a la sociedad occidental en una persona, y diagnosticarla. Por ejemplo en los años 60-80 la sociedad norteamericana cumplía criterios para trastorno paranoide de personalidad, en el contexto de la guerra fría. Como contrapunto surgió el movimiento Hipster y después el Hippie, enterrado por la irrupción de “La familia” de Charles Manson. Ello supuso el despertar de un sueño basado en la esperanza de un mundo basado en la tolerancia y el amor. El individualismo tomó el mando, y con ello la era Reagan desató el poder del capitalismo más liberal, naciendo el consumismo de masas que hoy explota en cada pantalla de nuestros móviles. A nuestro pequeño Frankenstein psicosocial virtual podríamos añadir el trastorno obsesivo por acumulación y la insatisfacción crónica. Y en medio la llegada de la Fluoxetina, que prometía la felicidad. Aun así, la vida era más sencilla.

En efecto, la vida era más sencilla incluso hace solo 15 años. Tu autoestima dependía de factores más controlados y sensatos, y si las cosas iban mal en un ámbito podías refugiarte en otro. Hoy no te puedes esconder porque tu vida virtual, la que no duerme, puede recibir palizas cada minuto. Así que si tienes menos de 25 años lo siento mucho, éste es el nuevo mundo. A continuación voy a destacar lo que considero son los puntos cardinales de la nueva era, la era del mundo (Internet) en el bolsillo.

-La exaltación de las emociones: Un principio básico de comunicación es entender que uno no dice lo que dice, sino que dice lo que el otro entiende. En la mensajería escrita el lenguaje paraverbal (Timbre, tono de voz) lo pone el que lo lee. Los emoticonos tienen en principio el papel de matizar e indicar las intenciones del mensaje, son nuestro tono de voz escrito. Pero los usamos para enfatizar en situaciones de normalidad, de tal modo que si contesto “Es bonito” a un mensaje en el que me pides opinión, posiblemente pienses que no me gusta. Tendré que añadir unas cuantas caras sonrientes y un par de sevillanas para que sientas que me ha gustado al nivel que esperas. Todo lo tenemos que llevar a su máximo. Pasa también con las palabras (Nunca se han usado mas diminutivos o aumentativos. Ya no vale con un símbolo de exclamación, necesitas tres). Los abrazos son tan intensos entre cuasi desconocidos (Véase Operación Triunfo, Gran Hermano…) que un contacto más comedido casi parece de mala educación. El exceso de intensidad como norma, el triunfo del Histrionismo.

-La necesidad de validación inmediata y constante: “Hay que alimentar a la bestia” me decía hace años un amigo. Argumentaba que saber que podías haber ligado era incluso mejor que hacerlo. El ego hoy en día sufre de bulimia y necesita atracones diarios. Tu felicidad momentánea puede depender del número de likes o de comentarios de admiración de gente cuya opinión no debería importarte. Hemos picado el anzuelo. Yo existo porque los demás me ven, mi identidad está basada en el juicio externo. Si tienes menos de 25 posiblemente Instagram sea más importante en tu vida social que Facebook. Esta red social, como otras, ha puesto su grano de arena en la epidemia del narcisismo más superficial. Pocos darán like a la foto de la nota de un examen, pero las reacciones a la foto de mi rutina en el gimnasio con ropa ajustada podrían salvarme el día.

-El concepto “Winner Looser”: Si pudiéramos hacer un recuento del número de veces que se usa la palabra “Perdedor” o  “Influencer, ganador” apostaría por una curva exponencial en los últimos 10 años. Pero no hay una palabra intermedia entre ganador o perdedor. No la tiene el lenguaje y no la tiene la sociedad. O ganas o pierdes. O blanco o negro. Adios gris, adios…

-La dictadura de lo políticamente correcto: Si antes he hablado de Instagram, no puedo obviar el fenómeno de Twitter, plataforma por excelencia de la postcensura y la postverdad. Adoptamos opiniones muy fanáticas con la información de 140 (ó 240) caracteres. Nunca la palabra “Equidistante” tuvo peor prensa. Mucha gente obtiene estatus social expresando sentirse profundamente herida u ofendida. Pero este tipo de persona ofendida, en realidad está disfrutando, o compensando. Obtiene atención, se considera referente moral y postmodernista durante unos minutos, y proyecta sobre las opiniones de otro las frustraciones de su propia vida. Por otro lado está el ofendido por la razón de que el otro se ha sentido ofendido, hasta llegar a un bucle absurdo en el que todos están ofendidos y en el fondo pasándoselo bien.

Y en medio de todos estos elementos tenemos personas en los años en que construyen parte importante de su personalidad e imagen, avocados a la exigencia de tener vidas y cuerpos perfectos. La exigencia de una sociedad límite que siempre pide más. Hay más elementos que nunca para sentirse frustrado, pero menos elementos que siempre para desarrollar estrategias de afrontamiento de esa frustración. Por ello partimos la sociedad, el blanco y el negro, las tasas más altas de obesidad y de anorexia, riqueza y pobreza, fracaso escolar y formación universitaria, de información y desinformación, todo ello en un batido de difícil digestión. No es casualidad que cada año atienda más personas menores de 20 años que encuentran en el dolor físico autoinfligido un alivio al dolor emocional. Faltan herramientas sofisticadas, y los medios más rudimentarios e inmaduros para manejar las emociones toman el control. Si la sociedad fuera una persona y  tuviera que diagnosticarla, cumpliría muchos criterios de Trastorno Límite de personalidad.

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De ahí mi reinvindicación del gris, donde los extremos no existen y hay espacio para el matiz. Entender que en el poliedro de las personas y situaciones hay más de una cara, y respetarlas. En el medio también hay belleza. Seamos conscientes de cómo estamos dirigidos y comencemos a cambiar las prioridades. La sociedad es un paciente cada vez más enfermo.

Tras terminar el texto creo que voy a ofenderme por algún comentario irónico en Twitter y subir a Instagram una foto en un Ferrari alquilado. Haré un brindis con champagne que parezca caro, lo haré por el gris. Quizás necesite de una docena de fotos hasta encontrar una con la que me sienta cómodo: “Va por ti gris, por ti y por todos tus tonos”.

 

Salvador Ruiz Murugarren, psiquiatra y profesor asociado de la Universidad de Alcalá de Henares.

 

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