Botiquín emocional para la prevención del trauma infantil

Tenemos claro qué hacer para curar a un niño o niña cuando se hace una herida tras una leve caída. Primero la limpiamos con agua y jabón, quitamos cualquier suciedad para impedir que se produzca una infección. Tras limpiarla, le echamos un antiséptico,  un producto adecuado para seguir desinfectando.  Dejamos que la piel se calme y se oxigene y le damos protección poniéndole un apósito o tirita. Tenemos que ir repitiendo este proceso, la herida necesita ser mirada, aliviada, necesita un tiempo para curar y si fuera necesario cicatrizar. Si no hiciéramos nada se infectaría dañando más tejidos de la piel, el cuerpo reaccionaría ante esto, sangrando más o generando pus, etc. No se nos ocurriría pensar que esta herida deba curársela el niño solito. Y si la herida es muy grande sabemos que deberíamos ir a un hospital o médico de urgencias para ser atendidos.

Al igual que atendemos la reacción física de la piel, toda reacción EMOCIONAL necesita ser mirada y atendida para evitar la producción de  “infecciones” en el cerebro y corazón de un niño o niña. Estas “infecciones”  son los llamados pequeños o grandes traumas, reacciones emocionales sin atender.

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Nuestra sociedad no está familiarizada con la palabra trauma y todos en mayor o menor medida experimentamos durante la infancia situaciones que VIVENCIAMOS como potencialmente peligrosas y que requieren una atención especial.  Por haber experimentado estas situaciones en una etapa vulnerable, dependiente y frágil quedaron instaladas en nuestra memoria emocional ocasionando en nuestra edad adulta una gran cantidad de sintomatología que se activa desde un problema actual pero que se originó en un pasado. “Ésta herida inicial supura en ocasiones con el tiempo y nuestro cuerpo nos da nuevamente una nueva oportunidad para sanar”

Cuanto más pequeño sea un niño, más vulnerable es a causa de los limitados recursos con los que cuenta para protegerse así mismo cuando experimenta un peligro. Y los niños y niñas experimentan en su día a día situaciones y vivencias que desde nuestra mirada de adulto podríamos no considerar como peligrosas o altamente estresantes pero desde la mirada de un bebé, de un niño preescolar o un niño en edad escolar podría considerarse momentos que pudieran quedarse grabados en su memoria cerebral provocando consecuencias a corto o largo plazo dependiendo de cómo el contexto en el que se desenvuelven nuestros pequeños reacciona ante estas situaciones. Dependiendo por tanto si el contexto facilita que la herida que pueda generar un impacto estresante sane.

“Pequeñas o grande situaciones” provocan “pequeñas o grandes heridas sin curar” , (accidentes, caídas, pérdidas de mascotas, divorcios y separaciones, duelos por muertes de seres queridos, mudanzas, conflictos en el colegio, discusiones familiares, hospitalizaciones,  intervenciones quirúrgicas…)  heridas que saturan a corto o largo plazo por medio de síntomas tales como falta de atención y concentración,  hiperactividad, hipervigilancia, estrés, ansiedad, dolores somáticos, bajo rendimiento escolar, rabietas… Los niños y especialmente los más pequeños cuyo desarrollo cerebral y sus habilidades motoras y de lenguaje se encuentran en desarrollo, muestran mayores dificultades para expresar y reaccionar ante las situaciones y una situación estresante puede seguir generando sentimientos angustiantes, <energía emocional sin descargar> que al igual que la herida en la piel que se infecta y supura con el tiempo, aquí también es el cuerpo en última instancia el que avisa por medio de estos síntomas.

¿Qué podemos hacer madres, padres, educadores, terapeutas, médicos, enfermeros y todas aquellas personas que acompañan a los niños en su día a día para prevenir la generación de heridas o traumas?

 Propongo en este artículo un botiquín emocional básico (ya que muchas de las situaciones anteriormente descritas tienen sus propias peculiaridades) que nos permita aplicar los primeros auxilios emocionales que faciliten el afrontamiento de las situaciones estresantes en nuestros pequeños.

HERRAMIENTAS Y UTENSILIOS IMPRESCINDIBLES PARA NUESTRO BOTIQUÍN EMOCIONAL

  1. Realmente nosotros no curamos la herida de nuestro hijo, nosotros aplicamos los productos adecuados y damos apoyo y protección para que la piel cure por si sola en el tiempo conveniente. Por ello al aplicar los primeros auxilios emocionales tenemos que tener presente que todo niño tiene la capacidad innata para sanar, tienen fortaleza y sabiduría  suficiente para recuperarse después de una situación peligrosa  pero necesitan el rol del adulto para que éste le ayude a ACCEDER A ESA CAPACIDAD. Por ello una herramienta indispensable en nuestro botiquín son los < apósitos> de CONFIANZA.

ABRAZOS

  1. Igual que nos lavamos las manos cuando vamos a limpiar la heridita del niño es importante tener en nuestro botiquín una <mascarilla de protección> ante nuestras propias reacciones corporales y emocionales.

3. Y  unas <gotitas> de PRESENCIA (estar presentes) son sin duda el kit perfecto que nos permitirá posteriormente  “limpiar la herida.  Estar presentes nos ayudará a tener consciencia antes de ayudar a nuestro hijo de nuestro CUERPO, MENTE Y EMOCIÓN. 

Nuestro cerebro está diseñado para actuar ante las situaciones peligrosas y angustiantes de la vida, una parte de nuestro cerebro el (cerebro reptiliano) nos permite activar nuestros mecanismos de supervivencia que facilitan la lucha, la huida o el bloqueo cuando percibimos un peligro, este cerebro pone en marcha nuestro CUERPO para pasar a la acción.  Las gotitas de presencia…nos ayudaran a ser conscientes de las sensaciones que se ponen en marcha en nuestro cuerpo. Por otra parte nuestro (cerebro emocional) nos permite estar en contacto con nuestras emociones y el (cerebro pensante) con nuestros pensamientos, que no son más que las palabras que después digamos a nuestros niños.

Como seres humanos ciertas situaciones nos generan un impacto, en ocasiones la angustia (que nos genera ver que un niño que se lastima, está triste, está en peligro, preocupado…etc) es tan grande que inconscientemente necesitamos distanciarnos de ella para poder soportar el susto y acabamos regañando al niño por caerse o expresando palabras que limitan la expresión de sus emociones “no estés triste” “ no llores que eres valiente” “ no es para tanto” “ no pasa nada” Y ¡SI PASA! El niño desde ahí, no se siente comprendido y por tanto protegido y se bloqueará el proceso de descarga emocional y visceral necesaria.

Por seguir con el ejemplo de la herida en su piel, es como si decidiéramos no curarla porque diéramos por hecho que todo está bien, y la herida está sangrando.

Ser conscientes de nuestras propias reacciones, emociones y pensamientos con estas “gotitas de presencia”  y usar nuestra “mascarilla de protección” que nos calme y nos ayude a pausar nuestra respiración,  nos facilitará ACTUAR en lugar de REACCIONAR.

  1. Ahora estamos preparados para aplicar el < antiséptico emocional>. Ya hemos dado espacio a nuestras reacciones, como adultos protectores tenemos que protegernos de ellas, calmándolas y minimizándolas para encargarnos de la situación con el niño.

thumbnail_images (1)Ahora es necesario dar espacio a las reacciones corporales y emocionales que afloran en tu hijo, alumno, paciente… El antiséptico contiene en su interior la VALIDACIÓN  de la EMOCIÓN y  palabras mágicas de ACEPTACIÓN “está bien lo que sientes, yo estoy aquí para protegerte y cuidarte”.  Ayuda a sacar la energía que se genera cuando los niños se encuentran en una situación de peligro.  Éstos son expertos en captar las señales faciales, posturales y vocales de los adultos.

  1. <Tiritas> de ABRAZOS y <Tiritas> de PALABRAS TRANQUILIZADORAS. El contacto físico y más palabras mágicas que transmitan seguridad, confianza, amor y sostén. Una mano reconfortante sobre la espalda, el hombro o un suave abrazo junto con unas palabras suavemente expresadas que dejen claro que el llanto y el temblor, agitación, movimiento del cuerpo son reacciones normales y saludables. Ayudan sin duda a que la posible marca <herida> que pudiera dejar cierta situación, cicatrice correctamente.

Sin duda una de las herramientas más influyentes en nuestro botiquín emocional  son las PALABRAS las cuales son antisépticas y tiritas MUY POTENTES.

«Las palabras tienen una poderosa influencia sobre nuestra capacidad para impedir o facilitar la sanación, las palabras que elegimos, el tono con las que las utilizamos y un ritmo prudente son todos elementos fundamentales para asistir a un niño abrumado.» Peter A.  Levine.

Anuska Linares

 

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