DEPRESIÓN: LA ENFERMEDAD SILENCIOSA

Cuando la vida perdió color y algo se apagó en mi.

Esto no es un simple agradecimiento ni quiero convencer a nadie de nada, es un trocito de mi, de mi historia personal y real, soy una chica más de un lugar llamado mundo y compartirlo me resulta necesario, para que conozcáis un poco más este mundo tan desconocido e incluso desprotegido, ya que la salud mental debería tener un espacio, un hueco y un reconocimiento social que aún no tiene.

Gracias por vuestra labor…      

Y en especial a ti Cynthia.

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No puedo dar una fecha concreta porque no ocurrió nada concreto para sentirme como me sentía y por lo tanto no entendía ese choque de emociones y sentimientos, ya que moralmente me sentía obligada a ser feliz y estar agradecida por todo lo que tenía y me rodeaba: mi familia, el trabajo, la salud, una estabilidad económica… No me faltaba nada, así que no tenía de que quejarme, pero me pasaba el día quejándome, discutiendo con mi pareja y conmigo misma. No entendía que me pasaba, ni que le pasaba al resto del mundo; parecía que el mundo iba en contra mía, todo me molestaba, todo me irritaba, todo me hacía daño, pero de puertas para fuera era una chica más, considerada “normal” con un comportamiento aceptable en la sociedad, y es lo que tiene la depresión, que por fuera estás entera y completa y por dentro estás vacía y rota.

Me relacionaba lo justo y necesario, no me gustaba hacer cosas nuevas, me sentía insegura, con miedo y prefería la “tranquilidad” de mi casa y pongo tranquilidad entre comillas porque una gota de agua era suficiente para estallar y volver a discutir, a sentir rabia, impotencia y ver como mi vida se estaba desgastando y en consecuencia desgastaba a mi pareja y mi hija, mi núcleo más fuerte, tan cercano y a la vez tan lejos… parecía estar viviendo en otra vida paralela, otra realidad…

Mi rabia me protegía de mi tristeza, era la capa que no daba visibilidad a esa angustia que tenía dentro de mi y que yo no sabía que existía. Creía que lo único que tenía que hacer era vivir y sobrevivir sola (ese era mi lema de vida), porque, aunque estaba rodeada de gente, me sentía sola, y es que no es lo mismo estar sola y disfrutar de tu soledad que sentirse sola. He llegado a pensar que no era importante para nadie y que nadie me necesitaba.

La rabia es el último recurso cuando te sientes desprotegido. Es la capa que cubre la tristeza, es quién arropa esa emoción o sentimiento que consideramos negativo. La rabia me hacía sentir enfado hacia los demás, todo me parecía agresivo, las personas me agredían (pero la realidad no era esa). Es difícil aceptarlo en uno mismo y acabamos viendo lo malo en lo demás, sin aceptar que lo que siento está en mi y no es algo producido por lo que nos rodea.

Me consideraba una chica fuerte para luchar y solucionarlo sin ayuda de otras personas e incluso a veces tenía muy claro que yo no tenía ningún problema, lo tenían los demás… ¿De verdad se puede llegar a pensar eso?,¿Un mundo lleno de personas, todas con problemas y haciéndome daño única y exclusivamente a mi? Pues si…  algo fallaba y tenía que utilizar la última bala de mi cartucho (así lo describía yo). Pedir ayuda para poder salvarme y salvar mi relación.

405943eb-b16a-424f-bc59-8188f53e9271Ahí dejé de ser la chica dura, la que se creía fuerte, pues el simple hecho de pedir ayuda me avergonzaba, me hacía sentir débil, una persona que no valía para nada porque no era capaz de gestionar/resolver mi propia vida. Me sentía inútil y todos esos sentimientos ganaban a la valentía y fuerza que tuve para tomar esta decisión, que, aunque escrito y leído parece fácil, para mi fue un salto al vacío sin saber dónde y cómo iba a caer.

Tuve mucha dificultad para quitarme esa capa de rabia, estaba muy presente en mi, me protegía de los demás, pero cuando fue dando paso a lo que había detrás, una inmensa tristeza empezó a invadirme poco a poco creando una angustia en mi abdomen, visualizado como un agujero negro, oscuro y lleno de soledad, miedo, inseguridad, desprotección, asco, rencor y me ahogaba lentamente.

Era horroroso y tenía mucho miedo, mi alrededor se volvió gris, perdí intereses, nada me motivaba, nada me hacía sentir bien, ni la música que escuchaba y tanto me gustaba me emocionaba… Tenía la sensación de estar por estar en esta vida e incluso llegó un momento en el que lo pude describir como estar muerta en vida. Nunca llegué a pensar en el suicidio porque siempre había algo en mí, en mi interior que me decía que merecía la pena luchar y seguir adelante.

Que mala madre, que mala mujer, que mala hija, que mala hermana, que mala cuñada, que mala nuera, que mala amiga… no estaba para nadie ni para nada, ni para mi misma. Me dolía mucho tener que alejarme de los demás para poder acercarme a mi misma. No podía dejar de sentirme responsable y culpable del daño que estaba haciendo, y es que la culpabilidad parecía que iba de la mano conmigo.

Reconozco que fue muy difícil tomar la decisión, me costaba horrores poder compartirlo (pues, aunque no lo parezca, hoy en día las enfermedades mentales siguen siendo un tema tabú, si vas a un psicólogo es porque eres rara o estás loca).

En cada sesión de terapia le preguntaba a Cynthia: pero esto tiene solución ¿no?, porque yo no veía más allá. Mi cuerpo y mi mente eran simplemente materia en este mundo.

La terapia no era suficiente y tuve que ayudarme de medicación (otro paso difícil para mi, pues no quería que unas pastillas controlaran mi cabeza, mi vida, mi yo). Deposité toda la confianza en el equipo y comencé el tratamiento. La medicación me ayudo a bajar la intensidad del dolor, por lo que sentía que me tenía que defender menos, no me sentía tan agredida y la rabia fue disminuyendo, ya que su función era protegerme del dolor, pero al bajar la intensidad de éste dio paso a otra parte del proceso.

Llegó un punto en el que le decía a mi terapeuta que ya le había contado todo, que no tenía nada más dentro de mi, pero no me sentía bien aún. No sabía como se iba a solucionar esto, tenía la sensación de haberme estancado, pero estaba equivocada.

Empecé a desbloquearme, a hablar, a sacar desde el interior… y es que, aunque a veces pensemos que algo no tiene importancia, que lo tenemos olvidado o que fue algo que pasó y punto, estamos equivocados. Todo lo que vivimos, sentimos, observamos, hacemos, escuchamos… todo nos hace ser lo que somos, todo construye nuestra verdad, nuestra historia y cada uno tiene la suya. No pienses que estás equivocado, no pienses que los demás lo están porque cada uno de nosotros tenemos nuestra propia verdad.

38a71c5d-bd1b-4dd6-8ecc-2ec7983c0e1dHe sufrido mucho emocionalmente, pero todo lo que perdió color ha vuelto a llenarse de colores ¡y más vivos! La música ha vuelto a vibrar, la vida ha vuelto a cobrar sentido. Queda aún mucho trabajo por delante, pero puedo afirmar que no soy la chica que era, ni quiero volver a serlo.

Quiero seguir creciendo, viviendo, sintiendo(me), observando(me), escuchando(me), quiero seguir aprendiendo a gestionar momentos difíciles o incomodos para mi. Y es que lo que antes veía como una debilidad, ahora lo veo como mi mayor fortaleza.

No me avergüenza decir que necesito ayuda, que voy a un psicólogo, que lo he pasado muy mal… porque entre tanto postureo y tanto filtro se nos pasa por alto que la tristeza también tiene su espacio en nosotros, y no es cuestión de querer eliminarla o de aprender a vivir con ella, sino que hay que cuidarla, mimarla y tratarla con mucho cariño, porque ella también tiene su historia, su origen, aunque nosotros lo desconozcamos.

Aceptar que estás enferma, que sufres depresión (a mi me asustó mucho), es muy duro y es un camino difícil, pero salir de ella, empezar a ver luz, caminos, personas bonitas, conocerte, cuidarte… ¡Es la hostia!

Si hay algo que puedo aportar de todo esto, es que merece la pena luchar por lo que se quiere, merece la pena que te escuchen, que te escuches y sepas llenar el vacío, sepas recomponer lo roto, sepas valorarte, mimarte y cuidarte. He de decir que para mi, estas palabras hace unos meses eran absurdas, sin sentido y sin significado, pero ahora cobran todo el sentido que merecen porque son acciones que te permiten conocerte y seguir adelante disfrutando como nunca lo habías hecho. No vuelves a ser la misma, eres otra persona, distinta, diferente, ni mejor ni peor, eres la mejor versión de ti, y aunque me quede mucho por trabajar, animo a todas aquellas personas que dejen de lado los prejuicios y den el paso si lo necesitan, porque la vida es demasiado bonita para los que sabemos disfrutarla con los sentidos. Dejemos un poco de lado la razón y actuemos con el corazón; y nunca olvides que el vacío se llena y lo roto se recompone.

Leticia Jar Aparicio.

Instagram: @leticiacarpediem