«Tengo dos familias» Reflexiones sobre hijos, separación y divorcio

Le oí decir «cuando nos separamos», no estaba en sesión, pero no podía dejar escapar el detalle. “No cariño, tu mamá y tu papá se han separado, tú no”. Algo se mueve internamente cuando tus padres se separan, y tarde o temprano esa vivencia acaba poniéndose en palabras. Solo tiene 5 años, pero dice cosas como «tengo dos familias«, o “cuando vivíamos todos juntos” ¿realmente lo recuerda? ¿son palabras que recibe del adulto y las reproduce? ¿o es un discurso propio, fruto de sus primeras reflexiones acerca de la vida?. Yo me puse a meditar sobre ello… ¿puede uno tener dos familias? ¿cómo es posible fomentar y desarrollar una vivencia del yo integrada y completa en los niños y niñas aún cuando sus padres se han separado?

Hace ya un tiempito que llevo acompañando a personas, mayores y pequeñas que viven situaciones de separación y divorcio. Hoy quiero compartir desde este espacio en diada cómo creo que influye en la formación de la identidad y la autoestima esa duplicidad en tus orígenes: tienes una familia, sigue siendo tu familia, pero tienes dos hogares, y dos progenitores y cada uno de ellos tiene sus propios valores, prioridades, filias y fobias. Comparto desde mi experiencia y mi formación, comparto con el deseo de que sirva de ayuda o como elemento de reflexión a muchas personas, a padres y madres que se ven en esta situación, pero no tiene que servir a todo el mundo ni en cualquier caso. Si no te sirve o no estás de acuerdo, no te enfades. Quizá en otro momento cobre sentido, quizá no. Ojalá encuentres la forma de encajar y dar sentido a todo lo que ha pasado.

¿Quién se divorcia? La pareja lo hace, los hijos no

Los vínculos humanos no han de pesar. Las relaciones sanas no tiran, no escuecen. No pinchan ni arañan. A veces las relaciones de pareja se rompen, y cuando existen hijos, el impacto de esa decisión adquiere una trascendencia mayor.

Uno de los retos fundamentales en la crianza es dotar de autonomía a los niños y niñas, fomentar un pensamiento crítico, un criterio propio y la capacidad de tomar decisiones y defender su integridad y su punto de vista. Y para eso los niños y las niñas necesitan saberse únicos, distintos al otro, dar pasitos en su proceso de diferenciación e independencia. Sólo transitando de forma sana ese proceso de diferenciación, la persona adulta podrá construir su propia vida, una vida con sentido. Por eso es importante que no hablemos en primera persona del plural en lo que a emociones y vivencias se refiere (“es que estamos un poco malitos hoy” o “nos han puesto una vacuna”). Al niño le pasan cosas, le pasan cosas a él, y al adulto le pasan otras.

Es fundamental que les ayudemos a distinguir. Ante una separación hay muchas cosas que suceden que no tienen ni deben tocar a los niños, basta con que les demos una versión real y clara de lo que ha sucedido “mamá y papá han decidido…” “a partir de ahora estarás/estaréis con mamá… y con papá…”, de hecho es de vital importancia que se de esa explicación. Hay otros temas que corresponden a los mayores, y el mayor bien que les podemos hacer es mantenerles protegidos de ellos (reproches y descalificaciones, asuntos económicos, opiniones sobre las decisiones o cualquier aspecto de la nueva vida del otro progenitor). Cuando el niño siente que se critica/rechaza o juzga en algo a uno de sus progenitores, se produce un daño directo en él, porque él procede de ambos. Un niño que siente que no se pueden hablar de las cosas de mamá cuando está con papá o de las cosas de papá cuando está con mamá, se siente dividido, desgarrado, despojado de una parte fundamental de su identidad. La salud consiste en integrar.

En una familia en la que se produce un divorcio se produce una herida. Una herida que cura bien tiene memoria, cuenta una historia. Hay heridas que al contacto aún evocan recuerdos, y son capaces de despertar sensaciones antiguas. Para un niño o una niña cuyos padres se separan, queda una marca en su historia, queda un recuerdo. ¿Que si le impacta? claro que le impacta. ¿Que si determina? claro que determina… pero yo qué sé si es para bien o para mal. Yo soy de la idea de que es para bien, siempre es para bien. Una familia en la que los padres no se entienden o no se respetan, no encuentran la forma de estar bien… es un hogar dañado, es un espacio hostil para todos, aunque se quieran. Claro que se quieren. Hay que quererse mucho para confiar en alguien tanto como para decidir vivir una vida en común. Hay que tenerlo muy claro para tomar la decisión de traer una vida al mundo. Entonces ¿cuándo tus padres se separan queda una herida en el psiquismo del niño? Bueno, pues sí, todas las experiencias nos marcan, nos dejan huella.

Una herida si se cura bien, si se limpia, se pone atención y se aplican cuidados, se convierte en cicatriz, grande o pequeña. Una cicatriz es piel sana que se ha regenerado. Una cicatriz habla de la capacidad del organismo y de las personas de responder y recomponerse ante la adversidad, y de crecer ante todo ello (te suena el término resiliencia ¿verdad?). Una cicatriz no falta ni sobra, las mismas venas y arterias que irrigaron los tejidos ilesos, lo hacen ahora. No está bien ni mal, simplemente es. Es parte de ti. Una parte igual de legítima y de respetable que cualquier otra.

Es cierto que la separación produce una profunda sensación de mutilación, de desgarro, de desintegración. En el adulto. En un adulto que ha puesto una serie de expectativas, deseos, planes y sueños. El niño o la niña no ha hecho eso, aún no. Elegirá, planeará y construirá la vida que quiera tener, en un ratito. Un ratito largo. Ahora solo tiene dos progenitores que han decidido separarse, romper su proyecto de vida en común. Ahora solo necesita entender y asimilar la nueva situación, y los niños tienen mucha más flexibilidad para hacerlo de una manera fácil y natural. La pareja ha terminado, la familia NO, los progenitores seguirán siempre en esa posición, habrá algo que compartan. La familia cambia de forma. Para el niño o la niña cuyos padres se separan varía el formato en el cual venía compartiendo tiempo con ellos, pero en el mejor de los casos va a seguir compartiendo tiempo con ambos, y si antes estaban implicados y presentes en su crianza de forma estable, lo seguirán estando. Y se tendrán que encontrar en esa labor de padres (en fiestas escolares, en médicos, en celebraciones y en los intercambios del día a día).

Ojalá lo hagan/hagáis con delicadeza, con madurez y templanza. Algún día ese niño o niña crecerá, y quizá elija a alguien para compartir su vida, y tal vez también forme una familia. Y probablemente, tú puedas transmitirle que el amor merece la pena. No solo que merece la pena, que es uno de los mejores inventos hasta el momento. Es el amor el que ha hecho que tu hijo/a nazca y crezca con salud. No basta con los 9 meses de gestación, los seres humanos somos criaturas absolutamente dependientes y frágiles tras el nacimiento, necesitamos cuidados en lo fisiológico y también en lo emocional. Y tú se los has dado, lo seguirás haciendo. Todo se va a colocar, créeme.

Entonces… ¿hay una familia o dos?

Hay algo que sucede cuando tienes hijos, en el momento en que le inscribes en el registro te entregan el “libro de familia”. Nadie te pregunta si te has casado o no, si eres más de celebración íntima o de megaevento, si os pusisteis alianzas… etc. etc. La familia queda constituida como una pareja (o un adulto en el caso de familias monoparentales) que reconoce, asume la responsabilidad y se hace cargo de un recién nacido. Se podría pensar que es un resquicio de una sociedad y una legislación hasta hace muy poco impregnada por los valores de la tradición católica. Puede que lo sea, pero a mi me parece muy simbólico. ¿Sabes qué hacen con el libro de familia cuando te divorcias? No se rompe, ni se tacha ni se hace ningún tipo de gesto que desmerezca la legitimidad de ese documento, lo trascendental del hecho que encierra….. Simplemente se añade una nota o asterisco en la página donde figura el matrimonio (en los casos en que lo hubo), normalmente un “pasa a la página 30”. Y en la citada página se anota “viene de la página 2”, y se hace constar que la unión de la pareja se deshizo tal y como consta en la página x del tomo y.

Lo que te decía de las heridas y las cicatrices, las idas y venidas. La vida. Nadie amputa ni secciona. En el registro civil no duplican ese papel que da fe de que ese niño o niños tienen “una familia”. Tú mismo, tú misma, serás capaz de recomponer todos aspectos de tu identidad que parecen haber quedado fragmentados tras la separación. Tú, como adulto/a, construirás una nueva vida. Y tu descendencia, ya sean uno, tres o cinco, sobrevivirá y crecerá, así ha sido siempre. La vida tira hacia delante, y si notas que tira o pesa, para eso estamos los psicólogos. Para aliviar, sostener, acompañar y guiar. Para ayudar a las personas que recurren a nosotros con la idea de crear una nueva forma de estar en el mundo, una nueva manera de vivir sin hacer(se) daño, construyendo una vida con sentido. Y merece la pena, de verdad que sí.

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