Sanando y creciendo con un balón: Como el fútbol puede llegar a ser terapéutico

Como el deporte y en concreto el fútbol puede llegar a ser no sólo educativo, sino también terapéutico

Hoy la propuesta que os hacemos desde Diada es algo diferente, hoy haremos una reflexión aunando dos de las pasiones de la autora; su profesión como terapeuta infantil que consiste en acompañar a niños/as en el proceso de ir sanando las heridas de su corazón y un juego, un deporte, ese que la autora lleva practicando más de veinte años, y que es, tan idolatrado por unos/as, como odiado por otros/as, el fútbol.

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Últimamente he oído o leído como mucha gente a mi alrededor, educadores, terapeutas, padres, madres… critican el fútbol por lo mucho que fomenta la competitividad, la agresividad, la preponderancia del espacio en el patio, espacio mayoritariamente masculino… criticas que comparto, en ocasiones, pero que entiendo que es una visión parcial de la realidad y de las posibilidades que el deporte en general y este en concreto, tienen y que cómo todo, tiene más que ver con el cómo se haga o desde dónde se haga, que con el deporte del fútbol en sí mismo.

Teodoro Herranz, un gran terapeuta psicodramatista y profesor mío, comentaba que “se enferma en la relación y se sana a través de ella”. Es de esta manera que como cualquier cosa que hacemos en relación nos puede servir para sanarnos o de igual manera para enfermar dependiendo, como decía, desde o de cómo lo hagamos.

El fútbol es un deporte mayoritario en España lo que significa que un porcentaje bastante amplio de nuestros niños/as lo practican. Y también es, desgraciadamente todavía, un deporte muy vinculado a los niños, espero y deseo que esto sea cuestión de tiempo.

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Cuando un peque entra por la puerta de mi despacho entra en un espacio nuevo, con una persona adulta que no conoce, en ocasiones asustado y en cualquier caso, en un entorno desconocido. Es el momento de encontrarse, de vincularse con él para poder acceder a su mundo interno y poder acompañarle a través de sus emociones y de su dolor. Cada terapeuta saca entonces todo su abanico de recursos tanto técnicos como personales. Para mí ha sido increíble y fascinante descubrir como convertir, en ocasiones, mi despacho en un mini-campo de fútbol o el compartir esta afición me ha dado la oportunidad de vincular con niños/as o adolescentes, en muchas ocasiones, muy muy dañados por historias de abandono o maltrato, donde los vínculos para ellos/as, han sido peligrosos, agresivos o abusivos, por los que vincularse es siempre complicado y un proceso frágil.

El fútbol como otros juegos y deportes permiten un acercamiento paulatino a la persona. Tanto el juego como tal, como hablar de ello. No sólo con la infancia, en el mundo adulto es fácil iniciar un vínculo si eres aficionado a este deporte, ya sea desde la rivalidad o desde el compañerismo.

Al jugar con ellos/as se establece de igual manera este vínculo, desde lo más inconsciente a lo consciente. Hay niños/as que prefieren disparar de lejos, los hay que se pasan de contacto, y son muy invasivos, los hay más asustadizos. Esto te permite ir viendo como cada niño/a se relaciona con el otro/a, si invaden, se dejan invadir, e ir poco a poco, regulando y sanando todo esto.

¿Qué necesita un niño/a para sentirse bien y crecer de una forma sana a nivel emocional, y cómo se puede fomentar  todo ello a través del deporte y del fútbol en concreto?

  1. Los niños/as necesitan sentir un vínculo seguro con sus padres o figuras de referencia, para ello necesitarán sentir de nosotros ternura y seguridad. Lo que les servirá de base segura para enfrentarse luego a situaciones que le provoquen miedo y ansiedad y también lo necesitarán para calmar y auto-regular sus emociones, el dolor y las frustraciones a las que se vayan enfrentando en su vida cotidiana.

Esto se puede fomentar simplemente estando presentes, compartiendo estos momentos, ya sea desde dentro, jugando con ellos/as, o  desde fuera, observándoles pero ha de ser de forma compasiva, e intentando evitar el juicio personal. También intentando motivarles y confiando en ellos/as, sabiendo que el error y la derrota estarán, de igual manera que la victoria. Y sabiendo que el esfuerzo será una variable muy importante pero no determinante para conseguir sus objetivos.

En mi etapa como entrenadora de prebenjamines (4, 5, 6 años) me pasaba los partidos y los entrenamientos hablando a mis peques, ellos/as necesitaban interiorizar una figura de base, con interacciones positivas, que los guiase y confiase en su capacidad de disfrutar y de conseguir objetivos. Luego ellos/as interiorizarán a sus figuras de referencia y protección animando, motivando o criticando su actuación y luego serán ellos/as quienes hagan esto con ellos/as mismos.

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En una ocasión un padre me increpaba, como entrenadora, para que sacara a su hijo de 4 años del campo porque no lo estaba haciendo bien. Muy probablemente este padre tendrá esa voz metida dentro de él de una forma muy profunda y si fuese él el que estuviera jugando le hablaría cada vez que tuviese el balón en su poder y seguramente esos mensajes que él transmite fueron utilizados contra él mismo, de manera que el divertirse ya no es un objetivo prioritario en el juego, si no demostrar que puede hacerlo bien o que es el mejor. Por ello, la manera de sanar esta pauta y esta relación, es ser consciente de todo esto, modificar la manera de hablarnos y de relacionarnos con ellos/as o con nosotros mismos, haciéndonos conscientes de dónde vienen todas estas pautas y haciéndonos consciente del dolor, miedo y rabia que esto genera.

  1. Los/as niños/as para crecer sanos/as necesitan sentir su mundo como algo seguro y predecible.

El contexto del deporte le permite tener un entorno predecible, saber en qué consiste el juego, las reglas del mismo,  marcar los límites de espacio… en definitiva, tener unas normas y límites que les faciliten este entorno seguro. Esto lo favorece el fútbol, por ejemplo, al preparar el campo de juego, quitando posibles peligros, cosas que se puedan romper, que nos puedan dañar, al  establecer claras las normas de juego y delimitar las consecuencias de su incumplimiento, no se permitirán tampoco las agresiones, propias ni ajenas, y las normas, no dependerán del estado de ánimo del juez, sino de un reglamento previamente marcado. El establecimiento de estos límites protectores les va a permitir sentirse seguros, libres de agresividad, incluida la suya propia.

  1. Los/as niños/as necesitan relacionarse con otros/as y con su mundo, para lo que necesitarán en ocasiones cooperar, en otras compartir y en otras competir.

Cualquier deporte colectivo ayuda, en general, al desarrollo de la cooperación entre sus miembros por la consecución de un objetivo común. Además suele fomentar la pertenencia a un grupo, el sentirse acompañado y el compartir momentos de alegría, tristeza, miedo y rabia.

Les ayudará de igual manera a competir, el cómo es lo que hemos de ayudar a regular desde el mundo adulto. Lo sano sería ayudarles a contener  sus emociones cuando son excesivamente desproporcionadas, que reclamen o se protejan ante la injusticia y a la vez toleren los fallos del otro/a, la autoridad o los suyos  propios. Si a nosotros como adultos/as nos cuesta manejar alguno de estos aspectos, quizás es que a través del deporte estemos proyectando o permitiéndonos sacar  emociones o partes heridas que han sido dañadas en otros ámbitos. Por ejemplo, si mi jefe me machaca y yo me enfado mucho con un niño de 5 años que le hace una falta a mi hijo, he de enseñar a protegerse a mi hijo, pero en el fondo a quién siento en peligro y a quién tengo que proteger, es a mí mismo.

Todo esto, además de que el deporte en general nos ayuda por definición a sentirnos bien, ya que, al realizar actividad física segregamos endorfinas, lo que supone un antidepresivo natural, además canalizamos energía, y nos puede ayudar a manejar la propia agresividad y la del otro/a.

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Todo ello como se decía será posible si el mundo adulto ya sea sus profes, entrenadores/as, árbitros/as, padres/ madres les ayudan a:

  • Marcar bien el límite entre lo que se puede y lo que no se puede hacer (ni agredirme, ni agredir ya sea en forma de agresión verbal o física al otro equipo, a alguien de mi propio equipo, a mí mismo/a…).
  • Expresar su enfado o frustración pero sin permitir la agresión.
  • Ganar sin agredir, a sentirse orgulloso/a de sus propios méritos con el orgullo de la cabeza alta pero sin que su mirada se eleve por encima del hombro. Fomentando la empatía y el buen trato al otro.
  • Perder sin agredir, y sin agredirme. Acostumbrándolos a perder, en ocasiones, puesto que en la vida van a perder, perder de todo; cosas, capacidades, y personas que quiero, relaciones, amistades, parejas, familiares, duelos.  Tendremos que acostumbrarnos a ganar y perder. Cada remate cada gol les puede enfrentar a su propia capacidad e incapacidad, a sus propias fortalezas y debilidades y a cómo manejar todo ello sin dañarse ni dañar que es, en definitiva, el objetivo para sentirse bien.

El fútbol,  y el deporte en general, como tipo de relación entre personas que es, se convierte, de esta manera, en un maravilloso y divertido recurso para sanar y crecer sano.

Isabel Cabrera.