Respirarnos para sentirnos

Parece que todos tenemos claro que los tiempos han cambiado. Ahora la urgencia a veces es mayor, o eso creemos: urgencia por hacer, urgencia por conocer, urgencia por… ¿Cuándo decimos que tenemos tiempo para  SER?. Vivimos atrapados en la necesidad; necesitamos más cosas materiales, necesitamos más experiencias, más sensaciones, más encuentros… Llegando a veces a colocarnos en un lugar que supera nuestros umbrales sensoriales, y que nos lleva de nuevo a este lema de “a veces querer tener todo, es como no tener nada”.

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Nuestros sentidos se encuentran sobrecargados, y eso provoca que sobrecarguemos también los de nuestros pequeños. Cada vez nos cuesta más parar.  Vamos tan deprisa que se nos olvida jugar. Hay muchas cosas por hacer, por aprender, por trabajar…. A nuestro día a día le falta aire; AIRE Y TIEMPO.  Cuando un bebé nace, todo a su alrededor se detiene. Lo más urgente es mirarle mientras respira. Es bonito cuando todo las personas que se encuentran cerca comentan: «¡Podría pasarme horas y horas mirándole!”. Y es que así es: lo más importante se nos olvida a veces que es APRENDER A RESPIRAR. Respirar nuestro cuerpo, escuchar nuestras sensaciones, y recordarnos que “Yo no soy mis sensaciones, yo no soy mis emociones, yo no soy mis pensamientos”. Recomendable hacer este ejercicio cuando alguna emoción intensa nos inunda. Sólo pararnos, respirarnos, y sentirnos. ¿Hay algo más urgente que nosotros mismos?

Hay expresiones en el lenguaje común como “no me llega el aire”, “estoy que no puedo ni respirar”, que no hablan tan sólo de una cuestión biológica, sino que se refieren a una cuestión más de carácter existencial. ¿Qué ocurre cuando no sacamos tiempo para respirarnos por dentro?¿Cuando no chequeamos todo aquello que sucede en nuestro interior?. Caminamos en piloto automático, pero no dejamos que nuestros sentidos se detengan y exploren aquello que acontece y da sentido a nuestra vida: nuestro propio ser, único e irrepetible.

Educar en los ritmos y tiempos para las cosas, en la calma más que en la prisa, en la conciencia más que en la distracción y dispersión, es una asignatura pendiente para todos hoy en día. Ayudar a que el movimiento sea iniciado por un impulso interno y no por una orden externa, pasa porque ayudemos a despertar la mirada hacia  aquello que dice nuestro cuerpo. Enseñar a escucharlo es un trampolín para conquistar aquello que nuestro ser se proponga.

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Sócrates decía, que “la educación es el encendido de una llama, no el llenado de un recipiente”. Recordemos “respirar” cerca de nuestros pequeños. Tratar de trasladar menos nuestra urgencia autoimpuesta, y copiar más su intuición y presentificación: a veces, menos es más. Y recordemos que la vida es creación. Nuestra parte creativa se encuentra al servicio de nuestras necesidades. Y para que se ponga en funcionamiento, debemos atenderla, mirarla y escucharla. Sin ella nos veremos inmersos en un mundo que va más deprisa que nosotros, y en el que lejos de sentir y experimentar felicidad, encontraremos abatimiento y pesadez. Cuidemos nuestros momentos, recuperemos nuestra mirada hacia lo más inmediato, fundamental y existencial: LA RESPIRACIÓN.

Ana Sauz.